Una tarde, después de
los incidentes del rey Seminot, salieron los guepardos con el rey y
la reina a dar un paseo por los bosques y montes. Los reyes salieron
a caballo y los guepardos marcaban el sitio por donde ir. Primero
fueron por el molino donde estaban entretenidos los hermanos mientras
llegaban los caballos, luego fueron rio abajo hasta la pequeña
cascada, donde se bajaron de los caballos y sorbieron pequeños
buches de agua con la mano, luego siguieron el camino hasta la cima
de una de las montañas para ver los valles y el lago y mas tarde se
retiraron al castillo, donde fueron llamados los guerpardos con un
toque de cuerno. No aparecían. Se les llamo otra vez y tardaban
demasiado, así que sonó dos veces. Apareció Matti, corriendo hasta
el trono y muy agitado quería que los siguiesen porque cogió la
mano de la reina con un poco de brusquedad y tirando de ella siguió
hasta las cuadra. El rey montó y siguió a Matti. Cabalgaron durante
unos diez minutos a galope tendido, con un séquito detrás pues la
gente de la corte quería ver que ocurría y cuando llegaron vieron a
Jorma despeñado, en uno de los desfiladeros de la montaña,
precisamente de donde se cogieron los materiales para el castillo.
Estaba allí abajo, tumbado y sin reaccionar. Buscaron la manera de
bajar y de llegar hasta el animal. Les estaba costando porque era un
sitio muy inaccesible, lleno de piedras puntiagudas y con mucha
altura. Una vez llegaron abajo, solo pudieron recoger al animal sin
sentido. Seguramente, en uno de los saltos y juegos de los hermanos
este se despeñó por uno de los lados del camino, y sin poder
reaccionar se precipitó por la cantera hasta casi perder su vida
entre tumbos y golpes hirientes.
No sabían que hacer,
con el animal mal herido y sin recobrar el sentido, pero vivo, pues
latía su corazón con mucha fuerza. Al rey se le ocurrió llamar al
anciano de las estrellas para ver si pudiera hacer algo, como sacar
una vara mágica y despertar al animal de su sueño. Cabalgó hasta
encontrar al anciano y le expuso el problema. El anciano solo pudo
decir que esa noche iría a buscarlo pues el trabajo del animal había
terminado. Se lo llevaría esa noche a donde pudiera correr con
libertad pues la manera de hacer posible la convivencia a veces
trunca la decisión de dos, siendo libre en otros montes donde
aprenderá a cazar y a vivir por su cuenta pues después del
accidente debieran de separarse como buenos hermanos debido a la
madurez que requiere aceptar que los juegos cada vez iban a mas
violencia, pues innato en los animales está el bárbaro salvajismo
de los felinos, ya que entre ellos, de los dos hermanos, Jorma era la
tarde y era el que esperaba a que cayese el sol para dar su carrera
hasta el castillo, arrastrando a Matti hasta su lugar de descanso con
un sigiloso galopar entre los peñascos, pero también era el que
rugía a su hermano por las mañanas para que no le molestase y
descansase un poco mas, cuando en el día anterior, por la tarde, se
perdían como locos por entre los montes y bosques del rey Häjbeik.
Tener a un hermano lejos es duro, es una situación delicada y
extremadamente sensible, cuando se acostumbran a convivir con juegos
y con toda la atención del mundo, libres pero amaestrados, juntos e
inseparables a las ordenes de un rey que los adoptó con la condición
de que madurasen y se criasen como mascotas, y no es cuestión de un
rey vivir a expensas de criarlos y educarlos cuando lo han tenido
todo, es cuestión de dejar a la naturaleza en su sitio, con sus
cosas, con sus costumbres y maneras de hacer las cosas, cada cual con
su condición de animal. Ahora se había enriscado por culpa de esas
carreras y por querer gastar una broma a Matti, Jorma se escondió en
una esquina del desfiladero y al pasar salto encima de Matti y este
se dejo caer dando media vuelta y sin querer envió a Jorma al fondo
de la cantera. Si ocurrió una vez, no habrá próxima pues el
anciano de las estrellas se lo llevará lejos, tan lejos que quizás
lo envíe a otra galaxia, a otro planeta donde pueda hacer de animal,
cazar como un animal, vivir como un animal, siendo amaestrado de
nuevo de manera que aprenda todo lo que se le negó de un principio y
siga su curso como animal salvaje.
Matti estaba llorando y
se le veía muy triste, al igual que muchos aldeanos, pero no era
suficiente ya que no sabía como compensar a Matti con la perdida de
Jorma pues la vida la llevaban los dos, juntos como hermanos,
saludables y compañeros, y aun así conmocionados por la pena que
les dejó Jorma, tendrían que buscar una solución pues el animal,
el hermano guepardo de las nieves ya no estaría. Eran animales
libres y juguetones y en algún momento tendrían que irse, aunque
fuera antes de tiempo, aunque no nos parezca justo, aunque haya sido
entre juegos, aunque un hermano se quede llorándole cada tarde,
aunque el instinto de soledad coexista, pues tendría que seguir la
vida de uno aunque no fuera para el otro lo mismo, y así perdurar en
el día a día hasta que en algún momento se vieran las ganas de
luchar sin el sentimiento de soledad.
Pasaron semanas y Matti
deambulaba por el castillo, esperaba al desayuno de los reyes y se
metía debajo de la mesa, intentando llamar la atención. Había
perdido el apetito, comía mucho menos y no paraba de ir y venir de
la habitación del Oeste hacia la suya. Por las tardes se le podía
ver arañando la puerta hasta abrirla y sentarse en medio de la
habitación mientras miraba por la ventana hasta caer el Sol, y
raspando los cojines de la habitación con sus uñas hasta hacer
jirones las telas, con bufidos que daban miedo y desgarradora
impotencia. Matti no estaba preparado para llevar una vida en soledad
y se había vuelto agresivo. Cuando le daban de comer y si es que
comía, daba zarpazos al plato, tirando la leche y el pan por el
suelo. Estaba en una depresión muy aguda, incluso llegó a arañar a
quien peinaba sus pelajes. Se estaba volviendo huraño y no salía de
su habitación muy a menudo y cuando salía iba a la de su hermano y
allí pasaba la tarde.
Los señores de los
montes de Häjbeik y reyes de los condados del Norte, Sur, Este y
Oeste, no sabían que hacer y decidió ir a ver al anciano de las
estrellas. En su camino intentó llevar a Matti hasta allí y fue
pero sin correr, iba muy despacio pegado a los talones del caballo y
a desgana. Le guiaba el profundo afecto que le tenía a su rey y amo,
aunque todos jugaron a ser amo por un momento de los hermanos de las
montañas. Una vez llegaron a los pies de la montaña y comenzaron el
ascenso hasta la cúpula celeste, se notaba mas animado a Matti y
sería porque el señor de la cúpula, el anciano de las estrellas,
también corresponden los cuidados que tuvo en su crianza. El anciano
los estaba esperando y sabia ya lo que tenía que decir, pues ese el
es destino, el que nos da y nos quita la vida, pero lo que debemos de
entender es que en el camino que recorremos para ese destino, depende
de lo sensatos que seamos o dependiendo de la capacidad de reacción
que poseamos, incluso dar la cara a la vida en la que encontramos un
sentido por el que luchar o por el que incluso vivir, es la parte
dedicada a la entrega de uno mismo y de los demás. Jorma se había
entregado a la vida y para salvar la de Matti entregado a la
existencia, ya que iban a caer los dos por el desfiladero pero Jorma
supo darle con las patas traseras el suficiente golpe como para
hacerle ganar el equilibrio y quedarse azorado en el mismo filo del
desfiladero, bajando hasta llegar al cuerpo del hermano y consolarlo
en un adiós que duele, que mortifica pero que fue un digno final, y
como último suspiro los lengüetazos de un hermano que le atiende y
que le da las gracias a su forma. El anciano de las estrellas le
comento que el dolor humano no se puede comparar con el de los
animales, pero los animales que estaban predestinados a vivir juntos
aprenden a vivir en compañía y cuando se les priva de tal magnitud
no serán los mismos, ya que el sentido del dolor no lo pueden
manifestar y para consolarlo simplemente hay que dejar que su
instinto lo guíe hasta el último de sus días. Las personas, los
humanos, manifestamos nuestra manera de ser con palabras y gestos y
podemos diferenciar y discernir en momentos de crisis, ahogar la
angustia en un llanto, suprimir el dolor con una alegría, pero para
todo ello debemos de conocer al otro, al que nos ayuda, al que nos
hace entender al consolarnos de la pena que debemos o necesitamos
tener, pero Matti ahora estaba solo, había venido de las estrellas
junto con su hermano y simplemente tendremos que esperar a ver que
ocurre con un animal que aprendió a vivir en compañía y ahora
tendrá que aprender a vivir en soledad, pues los semejantes hacen
mucho mas por uno de su misma ideología y la idiosincrasia que los
separa se hará grata cuando sepan por qué piensan de una manera u
otra. Tendrán que esperar a ver como reacciona Matti, a ver como
pasa el tiempo y se recupera pues el dolor se nos va de las manos
cuando aprendemos a asumirlo, y así será para el hermano de las
montañas, tiempo al tiempo.
Una mañana muy
temprano, el rey noto que había entrado Matti a su alcoba, que se
había subido a su cama y que con el hocico en la frente, resoplaba
hasta hacer sentir el frío de su nariz, y con una sensación de
incredulidad cuando despertó ya no estaba. En el ensueño que vivió
con Matti encima de el, le animó a entender que el animal debería
de estar libre, ya que con la falta de su hermano, el significado que
se le da a la vida en los Montes de Häjbeik era desmesuradamente
distinto, pues ahora el símbolo de la tranquilidad y la armonía,
decayeron por la falta de estímulo, principalmente por la falta de
hermandad entre los dos animales, que ahora quedaría fuera del juego
y de la distinción que otorgaba estos hermanos para los aldeanos. En
ese ensueño en el que Matti le resoplaba en la frente, al amanecer,
el rey se levanto y miró por la ventana, esperando su preciado
regalo de la vida, en le que se le han otorgado poderes de paz y
buenaventura, esperando que el animal le diese el rugido de buenos
días y que el Sol acariciase la ventana y el rostro de nuestro rey.
Esperó y desde la ventana vio como se iba Matti por la puerta
principal, galopando muy rápido y huyendo de la mediocridad que le
daba el estar solo, sin compañía, mientras nuestro rey con una
sensación de impotencia se prometió a si mismo que nunca olvidaría
esta mañana en la que la despedida de Matti llego y en la que la
vida vuelve sin los animales.