Las
mañanas de uno de los hermanos y las tardes de otro, hacían que el
recorrido hacia su aventurada montaña fuera agradable, o en el
paseo hacia su aventajado castillo les diera en su camino muchas
historias para los que observaban sus patas cuando pisaban la hierva,
o de sus colas aguantando el equilibrio antes de perder en una curva
la velocidad de sus carreras, o de ver sus orejas girarse cuando oían
los pasos de alguien al acercarse, antes de quedarse parado para
observarlos mientras ellos mismos hacían ruido con sus patas al
pisar el suelo lleno de hojas, y otros, buscaban sus pisadas en la
nieve, mientras ellos, jugueteaban colina abajo, dejándose caer con
sus propios cuerpos, hasta salir uno detrás del otro, correteando y
saltando como dos cachorros que han crecido domesticados, para que ni
el uno ni el otro fueran independientes, para que el uno con el otro
se complementasen en lo que hiciera falta, para que no fuesen unos
solitario guepardo de las nieves.
Los
niños de la aldea imitaban a los hermanos de las montañas. Se les
veía siempre juntos y todos los niños buscaban juegos en los que
dependiera ir de dos en dos. Así, en vez de quedarse uno a la
cogida, lo hacían dos, en vez de reclinar uno el lomo para que
saltasen, lo hacían dos, en vez de quedarse uno solo contando para
que los otros se escondiesen, lo hacían dos y era digno de ver, cómo
hermanos y no tan hermanos, jugaban de dos en dos en los juegos por
entre los patios y calles o entre las laderas de los montes o quizás
por entre los pinares y riachuelos.
Grandes,
enormes, blancos y moteados en negro, con un tono ceniza entre los
bigotes y con pequeños trazos difuminados entre sus manchas, así
eran los hermanos de las montañas y en las tardes de nevada les
hacían mas blancos y altos cuando correteaban por la nieve. Cuando
pasaban cerca del molino de agua, se paseaban entre las cascadas de
harina, y en verano, después de las cosechas, lamían las piedras
del molino donde se molía el grano antes de terminar de lavarlas,
limpiándolas de todas las cascarillas y pegotes del trigo molido, y
en las mieses se echaban para zarparse el uno al otro, mientras
retozaban frescos al llegar de las Piedras del Lomo, sitio donde
pasaban entre ellos la mayor parte del tiempo, saltando entre las
piedras y por entre las gotas de la cascada, cuando uno hacia nadar
al otro al caer entre los esquivos de los juegos, haciéndose mas
fuertes y robustos, para llegar lejos y mas rápido a los lugares de
donde se criaron y dirigirse hacia el lugar en el que viven, en las
habitaciones del Este y del Oeste en el castillo del señor de los
montes de Häjbeik.
En
las mañanas, solían pensar en que hacer para tener el tiempo
ocupado, en descubrir a donde ir y como o por que lugares ir mas a
menudo para luego poder regresar a tiempo del toque del cuerno. Como
todo, ir poco a poco y en cada momento, paso a paso, para poder estar
en el momento justo a la hora determinada, y poder seguir
descubriendo que un sonido de cuerno es llegar a donde suena, y que
dos, es ir lo mas rápido posible, pues se acorta la hora de comer y
de poder tener un rato al lado de la chimenea, o de un cálido abrazo
en el cuello, o tal vez, de unas ligeras friegas con fibras de
esponja de calabaza en la barriga, que es donde mas les gusta que los
acaricien.
Cuando
se levantaban por la mañana, uno veía el sol al amanecer, se
sentaba y recibía los tibios rayos de luz, acercándose cada vez mas
su rostro a la ventana, para ver si el día iba a ser nublado para
ver nevar o ver llover, o si iba a ser soleado con pocas nubes, pero
al igual esperaba a que le abriesen la puerta para salir correteando
debajo de los árboles jugando a esquivar los árboles, y si iba a
ser un día lleno de luz y de vida no parar de correr hacia la
montaña y ver desde arriba todo el reino. Siempre miraba para
disfrutar afuera, en los caminos, montes, valles, montañas, ríos,
bosques, laderas, e incluso en la ciudad, con sus carros y bueyes,
caballos y perros, incluso disfrutar de las personas que les ofrecían
lo que estaba estipulado por los reyes, agua mezclada con leche y un
poco de harina.
Jorma,
que se levantaba por la mañana y miraba por la ventana del Oeste,
observaba el tiempo desde ese otro lado, donde tenia unas grandes
montañas a lo lejos, con el lago al pie de la cordillera y los
bosques de pino, roble, abetos y encinas que regalaban al pie del
castillo todo su vigor y fuerza y que en épocas del año, desde
donde siempre se sentaba para ver atardecer, en una pequeña montaña
entre dos picos muy bajos, dejaba reposar el sol hasta irse si no
habían muchas nubes por el atardecer. Disfrutaba de los atardeceres
como ninguno y sabía la hora exacta de rascar la puerta para que se
la abrieran y sentarse para contemplar el placer de la tarde
mezclándose con la noche, para cenar e ir a dormir hasta que Matti,
por la mañana, le regalara un rugido de buenos días mientras el,
perezoso se estiraba de placer. Cuando Matti se levantaba miraba el
cielo y observaba si vendrían nubes o por donde pasaría el viento
para saber hacia que lugares correr, pero en otras veces era Jorma
quien simplemente observaba como iba llegando el día. Observaban que
harían o que no, pues estaba la tarde por llegar, para esperar al
sol y para despedirse de él, hasta bajar hacia el salón y quedarse
tumbado en la chimenea.
Muchas
mañanas iba a visitar a su hermano, tanto el uno como el otro. Veces
iba a ver amanecer y contemplar también desde la ventana, el buen
día que haría y la agradable sensación de un saludo con rayos
tenues entre los hocicos de los hermanos, o veces iba a ver las
montañas para saber si las nubes estarían en unos rincones o en
otros, y así, cada mañana, según tuvieran ganas uno o el otro,
disfrutaban de las sensaciones del día dependiendo de los grandes
planes para tener un día diferente, pero igual en las propias
decisiones que tomamos, tanto los animales, como las persona, tanto
más o igual que un día cualquiera que parece igual, con los mismos
matices que nos diferencian, para seguir siendo lo que somos, para
hacer posible que la monotonía y la rutina muy distinta de lo que en
verdad es, y para darle a la mañana y a la tarde un poco del mismo
tiempo cada vez que nos hace el sentirnos agradables con los mismos y
pocos momentos en los que hacemos posible estar en paz.
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