jueves, 14 de enero de 2016

8.- La despedida

      El sueño era ligero, podía sentir la luna a través de los ventanales, podía sentir el malestar que había en el hueco de su vida, la perdida de Jorma, de aquel animal que veía las tardes como placenteras y que era quien guardaba los sueños de la siesta, de esa pequeña siesta que dormitaba durante una hora todas las tardes y que era embriagado por el éxtasis del animal desde su ventana, en la habitación del Oeste, en la habitación de la tarde, donde nuestro rey iba de vez en cuando para recordar al animal que ahora se había ido a otros montes, mucho mas lejos, tan lejos como pudo el anciano de las estrellas. Este anciano llevaba el sobrenombre de Eom, el Dios Eom que llegó de las mismas estrellas, ya que en la tradición de nuestro rey Häjbeik hay un dios que provino de allí, de una lejana estrella, y que había conseguido hacer la paz en la promesa de una corona que todo lo podía en nombre de la tranquilidad y de la armonía, en nombre de la paz que tan necesaria olvidamos a veces en las disputas.
      Esa conexión entre animales, sea de raza humana o sea raza felina su descendencia, estaba para hacer posible un bienestar común, un bienestar en el que el hombre disfrutaba de las sensaciones que provocaba sus recuerdos, añorando al animal que entre juegos vivió, dando felicidad y rebosando de entusiasmo por el logro de vivir en paz. Un accidente es un accidente y a eso no se le puede reprochar nada, pues es el sentido del destino el que marca la vida, aunque podamos labrar un destino acorde con los sentimientos que tenemos hacia algo o alguien, el recuerdo prevalece en esa conexión, deseando que todo siga bien y que vaya a mejor. Un animal sagrado como era Jorma, no se le puede sustituir con el recuerdo de sus hazañas y días en los que correteaba por los senderos, que entre toda la vida transcurrida sería el mejor de los recuerdos el que quedara en la memoria de nuestro reyes y en el hecho de un hermano que siente la lejanía y la perdida como compañero de juegos, pues sustituir momentos reales por pequeños recuerdos invade el sentido común de quienes hecha de menos una particular situación, valorada con el respeto de la vida, una vida que Jorma tendría lejos de su hermano, pues entre ellos empezó un juego duro por la madurez de sus instintos.
       Todo transcurría con lentitud después del accidente. Las tardes era mas pesadas y se hacían cuesta arriba cuando Matti pasaba por la habitación, por la habitación del oeste, que era la que marcaba el paso de la tarde, cuando el sol se ocultaba entre las montañas y y su hermano daba el rugido de buenas noches. Matti se sentaba en esa habitación, mirando lejos, con la intención de recordar algunos momentos, pero con la mecánica psicológica de un animal, que evocaba varias sensaciones en vez de ver, como nuestros reyes, que las acciones acontecidas en ese recuerdo de la vida de Jorma evocaran pasajes únicos de la vida del animal. Matti pasaba muchas horas de su habitación a la del hermano y otra vez a su habitación. Cuando amanecía rugía con mucha fuerza y se sentía dolido. Por las tardes rugía de tristeza y casi de desesperación a ver su soledad acrecentada con el tiempo. No lo había decidido todavía pero se veía que quería ir a ver al anciano de las estrellas para que pudiera hacer algo. Algo que simplemente sería vivir en libertad y aprender en los montes de lo que siempre se le privo; vida animal y salvaje en las montañas de nieve.
       Por las mañanas empezó a despertarse antes y con sus zarpas abría la puerta y se iba a la colina. Quería cambiar, tomar otras costumbres y dedicarse a variar el sentido que le daba a la vida, pues sin compañero de juegos se le hacía mas pesado correr y saltar. Aunque ese apego a los juegos no estuviera dentro de los canones normales de los animales, estos se habían criado de manera totalmente distinta a otras generaciones y de esta manera se podía ver que eran animales especiales, que vivían juntos y que no habían olvidado su etapa de juventud, siendo la misma que en la infancia y siendo de adultos muy distinta a lo imaginado.
       Esta vez Matti decidió levantarse temprano y salir a corretear, a ver su propio reflejo en el lago o beber en la cascada, hasta que en la mañana se dio cuanta de que poco a poco su naturaleza animal se convertía en salvaje. Le gustaba perseguir a los conejos y enfrentarse a los ciervos, le gustaba correr detrás de cualquier cosa que tuviese cuatro patas e incluso, saciarse de su sangre. Esta vez Matti, decidió correr por su cuenta, aunque en las noches tuviera que buscar refugio en las cuevas o entre los matorrales. Decidió buscarse la vida como animal y no como compañero de los reyes. Antes de no asistir a la llamada del cuerno, sufrió con su decisión de no volver al castillo, pero se sentía vivo, despierto, aunque no estuviese su hermano detrás de el, aunque sintiese la pereza de recostarse al lado de la chimenea. Se sintió vivo y cambio su forma de vida, llevado por el instinto que como todo animal posee en sus adentros, haciendo de su vida un camino salvaje que le llevaría hasta el mas preciado de los bienes, la libertad de ser lo que es y no un manso animal, pero para los reyes, que el echaba de menos, había sido un gran golpe sentimental pues ellos, los animales, tienen sentimientos y nosotros los humanos que entendemos de los sentimientos en otra dimensión, no pudieron hacerse a la idea de que también perderían a Matti, de forma distinta pero mas dolorosa, pues ya no es perder a uno sino a los dos.
       Se dice, que cuenta la leyenda, que vivió por muchos años alrededor del castillo y que todavía se comía de lo que en el molino dejaban, la harina con leche, y que bebía agua de la cascada mientras las mujeres lavaban la ropa, y que se dejaba ver pero no tocar, ya que se había manchado de sangre con sus piezas de caza y alimento, pero acostumbrado a no atacar a los humanos no significaba que hubiese temor alguno en su aparición en medio del camino.
       Cuentan que encontró a una semejante pues se le perdió de vista durante muchos meses hasta que apareció de nuevo por los alrededores, sabiendo que por los caminos de otros lugares mas al sur se habían visto con una gueparda blanca, una gueparda de las nieves que con unos meses de gestación tenía una barriga abultada. Después de haberse visto con el animal nuestro guepardo sagrado, siendo esta mucho mas salvaje que Matti, aprendió todo lo que hay que aprender, y por lo visto atacó a unos campesinos que llevaban una cabras atadas a una carreta y que fueron salvajemente destrozadas por un animal felino en la noche, mientras descansaban, siendo imposible que fuese Matti ya que con el olor a los humanos infundiría el respeto que había aprendido de ellos respetándolos. Aunque la diferencia era que tenía muchas mas manchas y un poco mas pequeña que Matti, también diferenciaba a quien atacar y como, aunque unas cabras cerca de los humanos, para Matti no había peligro. Al atacar a un grupo de aldeanos que llevaban verduras y animales al mercado de otro poblado, se disparó la alerta y creyeron que corrían peligro y empezó una caza que casi deja como alfombra a la amada de Matti. Dedujeron que había dejado descendencia nuestro amigo de las nieves al ver en la primavera a un cachorro de guepardo por los lugares del sur. Era raro que la corona no pudiera hacer nada, ya que la paz estaba truncada por los ataques a personas, siendo normal que el animal que vive en sus montes y en sus bosques sea invitado a irse a otros parajes por la condicionalidad humana que aparta el cariño y la desmesura del camino para hacer daño a quienes pueblan en aldeas bajo la corona del rey Häjbeik.

        En los tiempos actuales, el tataranieto del primer rey que tuvo los montes de Häjbeik, seguía con la incertidumbre de sus pesadillas, de sus sueños en las madrugadas. El soñaba con la bestia, con el guepardo de las nieves, y quedó en las generaciones aquella leyenda de los hermanos guepardos de las nieves, que recordaba como se lo contaba su abuela, y su abuela su bisabuela y así generación tras generación. La despedida de nuestro animal guepardo de las nieves al primer rey Häjbeik quedo plasmada en los recuerdos de todas las generaciones porque así lo quiso nuestro rey, ya que se sucedió aquella mañana en la que llegó Matti al castillo, una mañana de invierno, cuando todo estaba nevado, dirigiéndose a la habitación del rey, subiéndose en su cama y respirándole en la frente y en la boca, resoplando su aire frío en la cabeza de nuestro rey, antes de rugir y dar los buenos días a nuestro rey para luego salir corriendo y no volver a verlo nunca mas. Se dice que fue a buscar al hermano lejos, y nuestro rey desde la ventana vio como se dirigía al este, al amanecer, al encuentro del sol y de su hermano, y al encuentro de la compañía que quería su instinto, tan apegado a los juegos y a desear no crecer como adulto, para dar sentido a la inocencia que nos hace personas y que nos lleva a ser humano, con la alegría y la sabiduría que la espontaneidad nos da cuando esa inocencia está con nosotros, pues no dejamos de ser niño, solo somos adultos moralmente maduros, para hacer de la vida un lugar mejor en el que la compañía de juego se hecha de menos en animales tan dispuestos a disfrutar y ser como niños.