El rey se levanto de
madrugada, bajo la penumbra de la noche, pues quería salvaguardar su
reinado en paz y solo podía hacerlo con la magia de la corona.
Debería poner la corona en su cabeza al amanecer para desear esa
paz, para invocar el poder del anciano que todavía vivía en esos
montes y evitar el derramamiento de sangre y actos de violencia,
siendo demasiado tarde si esperaba al amanecer, así que
sigilosamente fue hasta el trono, se sentó y se colocó su corona,
entonces empezó a irradiar su luz particular mientras sentía el
poder de la paz en toda su mente y cuerpo a la vez que el espíritu
se elevaba hasta llegar al punto del conflicto. Habían unos
batallones unos kilómetros mas al sur que intentarían invadir el
poblado y el rey deberá actuar con la ayuda del anciano del espacio.
Los hermanos guepardos, sin embargo, deberían de desayunar y salir,
como de costumbre, a corretear por los montes y pasearse por la
aldea. Estaba ansioso por hacer sentir la paz en ese enemigo del sur,
que como cualquier rey de aquella época, buscaba un reinado mas
grande y poderoso a cuenta de invadir y destronar a quienes tienen un
trozo de tierra alrededor de una aldea. Cada poblado que había sido
invadido, se inclinan ante un rey que es avaricioso y que toma por la
fuerza la dignidad de las personas, que hace sentir a los servidores
de su lealtad como si fuesen fango, pues el barro del camino es
costoso de limpiar, aunque se quite fácil de las botas, pues no se
puede ir uno arrastrando hasta llegar a los pies de quien solo quiere
esclavizar por el temor que les provoca la muerte, y así, bajo el
semblante del rey del Sur, iba destronando a quienes se encontraban a
su paso.
Esta guerra sería
diferente, pues esta batalla no se jugaría a la muerte y derrota del
enemigo, esta guerra sería marcada por la magia de la corona del rey
Häjbeik y del poder del anciano de la montaña, que enviaría a sus
poderosos guerreros en forma de ángeles. En caso de guerra vendrían
los ángeles con sus espadas de fuego a derrotar a quienes quieren
usurpar el trono de la paz, de la armonía, de la dicha y el gozo de
mantener el gran amor a la libertad en esos montes de Häjbeik,
dejándolos inmersos en un gozo fuera de lo normal, pues en en cada
choque de armas, para que así vieran el poder de la paz y no el de
la guerra, resplandecería la calma y el sosiego en un enfrentamiento
fuera de lo normal. Tendrían que darse cuenta por ellos mismos, que
no conduciría a nada el querer empuñar las espadas en una guerra
para usurpar un reino, aun sintiendo el gozo celestial de la voluntad
de la corona quien gobierna todos sus alrededores. Tendrían que
morir de gozo si es lo que desean, y si se daban cuenta de ese poder,
se quedarían para hacer mas fuerte el reinado de la misericordia y
el perdón, para que habitasen en ellos el significado de los
guepardos de las montañas, la plena y pura convivencia en paz .
Le había llegado un
mensaje al rey de un rey no muy lejos de los montes de Häjbeik, en
le cual se le solicitaba para prestar juramento y lealtad a la nueva
monarquía impuesta por ese vecino. Ese rey, el rey de los montes del
Sur, su majestad Seminot, quiere gobernar en todos los poblados
anexos al suyo, pero lo que no sabía es que cada poblado podía ser
sumiso menos el que gobernaba en los montes de Häjbeik ya que estaba
predestinado que gobernase en paz para dar ejemplo a quienes buscan
poder por la fuerza y a quienes buscaban otro destino distinto al que
ya los dioses habían otorgado, por el poder de la paz, de la armonía
y de la tranquilidad.
Llevar la corona siempre
puesta en la cabeza es símbolo de cordura, aunque daba muchos
quebrantaderos de ideas al propio rey, que decidió un día ponerse
solo la corona en momentos de crisis, y así fue. A los dos días de
recibir la carta del rey Seminot, el cuñó otra y le dijo a ese rey
que todos los que apoyasen a la corona de Häjbeik serian gobiernos y
reinados autosuficientes e independientes, sin guerras ni rencillas
entre los demás, pues estaban bien acostumbrados a ese tipo de vida
que será ejemplo del reinado del Sur si cesa en la lucha
innecesaria. Le dictó también que los ángeles que vendrían solo
derramarían amor en su batalla, y bajo el choque de las espadas, las
vibraciones que dejan son celestiales, haciendo al guerrero mas
fuerte el mas manso de los sirvientes.
Al tercer día de
recibir la circular del nuestro rey, los ejércitos de Seminot se
pusieron en marcha y nada mas entrar en los dominios de los montes de
Häjbeik bajaron los ángeles con sus espadas de fuego, de un fuego
helado que no hacía herida, que mas bien vibraba y mandaba su onda
a través del acero para que esa sensación de bienestar se asentara
entre la paz y la armonía y así diezmaron a los caballeros de
Seminot, ya que sentir ese gozo celestial e intentar luchar en contra
de esa sensación, provocaría espantosos dolores de cabeza, pues
sumergirse en la paz y armonía implica voluntad, y la voluntad de
quienes sienten el éxtasis divino y luchan a favor de la tolerancia
y respeto, viven para contarlo; o se convierten en seres que
perdonan y se dan cuenta del mal que hace las luchas de poder y de
gloria bajo las armas o asiente con respeto y ganas la paz y armonía
que merecemos todos, porque luchar hay que luchar pero las armas
condicionan la ventaja, y esta ventaja debería de mostrar la
capacidad de fraternización humana entre todos los que viven para
mostrar la aceptación y dignidad que un rey para la paz nos preste
gracias al anciano del espacio y al Dios Eom que todos veneran.
Cuando te resistes a la bendición de los ángeles puede caer en tu
orgullo y bloquear tus pensamientos de violencia, notando la
sensación que paraliza la rabia y la ira y evidenciar la sensación
que quiere la corona de los montes de Häjbeik. A la otra mitad de
soldados que no aceptaban la onda de paz y armonía los volvió casi
locos, pues se hacía liberar con respecto a las guerras y luchas,
las innecesarias batallas por el poder de un solo rey que tiene
ambición y codicia por los reinados de los demás, convirtiendo en
mansos soldados al servicio de la paz y de la tranquilidad, con la
diferencia de no confundir el bien con el mal y por ese hecho de
sentir que poco a poco se transforman en seres dignos de la
convivencia sin armas y sin hacer daño, con respeto y tranquilidad y
sobre todo con paz y armonía. Seminot no se creía de lo ocurrido y
cuando vio a su ejercito diezmado y con generales que hablaban de paz
y no de guerra, quedó bastante malhumorado pero supo desde entonces
que esos poblados solo tendrían que estar en paz y que cada trozo de
tierra al que gobernar se quedaría sin el viejo rey del sur y bajo
una corona de poder y calma, para darle gracias a la corona de
Häjbeik por tener y poseer aun así los condados.
La leyenda de los Montes
de Häjbeik había empezado, se hablaba en lugares lejanos la
tranquilidad que respiraban por aquellas montañas, de la cordura que
tenía su rey al desear con el poder que le otorgaron desde hacía
mucho y que les costaba imaginar: un pueblo regido por la paz y la
armonía del gozo que da sentir la vida debajo de los pies, de sentir
a cada paso la seguridad de encontrar buenas maneras de hacer la
convivencia, de saber que en esos condados la vida resurge a quienes
libran la batalla del silencio con mas silencio y de quienes prestan
al ruido la tranquilidad de saber que no daña a los oídos ni a las
mente, sino que prestan gozosas sensaciones y vibraciones. En el
mercado o en las calles de una ciudad que creció en muy poco tiempo,
llena de gente que ayuda al otro y que hace posible la entrega o que
en cada falta de algún material se prestarían a ir a buscarlo, que
en cada esquina hay alguien dispuesto a ayudar a quien lo necesita.
En los campos, todos trabajaban para rendir cuentas al rey, y rendían
con diezmos sensatos e incluso el pueblo regalaba y hacía muchas
ofrendas al rey nada mas que para acercarse al castillo y ver salir
corriendo a los hermanos guepàrdos. Dejaban verduras o algún
presente a los pies de la puerta de nuestro queridísimo rey Häjbeik,
pues la dicha de sentirse satisfechos, sin vicios ni adicciones
materiales, espiritualmente sabían que por los montes de nuestro rey
la gloria aparece en cada paso que das si lo das hacia adelante y con
la intención de dar el siguiente paso mejor y así, con este truco
del paso enseñado a los niños, regiría dentro de la constelación
que guarda ese reinado, cada paso seria que el otro, con la
diferencia de que todos los niños serían mejores personas para
cuidar entre otras cosas, la seguridad y la fraternidad de lo que
estaban haciendo y si comparten como dignos hermanos, esos pasos
llegarán muy lejos.
La batalla termino con
la victoria de los ángeles, que hicieron de las vibraciones cósmicas
un lugar digno de entrega. Los soldados enemigos tiraron las armas,
se sentaron alrededor de los ángeles y esperaron sus bendiciones.
Cuesta mucho cambiar las mentes, cambiar el sentido a la dignidad que
le damos a la guerra, pero estos ángeles, con solo mirar, cambian al
ser mas horrendo volviéndolo apacible y digno, honrado y venerable,
ya que de donde vienen, acompañando al anciano de las estrellas, la
violencia o las guerras no estaban en su vocabulario, pues hay sitio
para todos, con normas esenciales que simplemente tienen que dejar
pasar para que purificaran con su halo de vibraciones y dejar la
connotación espiritual en el centro del corazón y de la mente, para
sentir esa paz que nos hace humanos y poder transmitir sosiego y
armonía. La gente por naturaleza es ingrata pero a la luz de la
corona del rey todos se hacen gratos y dignos de estar presente en la
vida y en la tierra de la promesa del cosmos, que es guardar el orden
dentro del cáos, con la armonía que sufraga el poder del rey ante
toda la malicia del mundo, cambiar ese sentido que le dan a la vida
con el poder y la gloria de ser el mas fuerte, pudiendo ser el mas
hábil con las armas de la paz, para que así el poder y la gloria
sean gratificados con la propia razón del mas generoso o del mas
fuerte al estar armado con la tranquilidad y seguridad de una
diplomacia fuera de lo común, una diplomacia que nos hace dignos de
ver en el reflejo de la vida cuando es con el amor a la vida y a lo
que nos rodea el ápice que bordea al sentimiento humano.
El rey Seminot no se
esperaba que todos sus soldados se volvieran en contra de el, que sus
soldados prefirieran vivir en armonía en unas tierras enemigas, unas
tierras que con el paso de los años se hicieron mas fuerte con el
amor digno de una corona mágica. Todos los soldados que probaron las
espadas de los ángeles volvieron a sus tierras con sus mujeres e
hijos para hacer un mundo mejor, sin violencia, con la digna mirada
al cielo esperando un poco de paz, y así, en muchos poblados de los
alrededores de los montes de Häjbeik, rindieron la promesa de servir
a la corona de nuestro rey, para hacer posible un mundo en el que las
armas se quedaron lejos, si sirvieran para destruir a semejantes en
un campo de batalla. Muchos decidieron ir a los montes de nuestro rey
a vivir, y así migraron muchos cerca del castillo. Los reyes
cercanos a nuestro rey, asumieron que el papel del poder no podría
ser por la fuerza, y lanzaron sobre sus aldeanos el mismo mensaje que
quiere nuestro rey para sus aldeanos: la paz hace al hombre y el
hombre se dignifica con el sentido que a esa paz le dan, hasta hacer
viable la dignidad por el amor al prójimo y a si mismo.
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