jueves, 14 de enero de 2016

8.- La despedida

      El sueño era ligero, podía sentir la luna a través de los ventanales, podía sentir el malestar que había en el hueco de su vida, la perdida de Jorma, de aquel animal que veía las tardes como placenteras y que era quien guardaba los sueños de la siesta, de esa pequeña siesta que dormitaba durante una hora todas las tardes y que era embriagado por el éxtasis del animal desde su ventana, en la habitación del Oeste, en la habitación de la tarde, donde nuestro rey iba de vez en cuando para recordar al animal que ahora se había ido a otros montes, mucho mas lejos, tan lejos como pudo el anciano de las estrellas. Este anciano llevaba el sobrenombre de Eom, el Dios Eom que llegó de las mismas estrellas, ya que en la tradición de nuestro rey Häjbeik hay un dios que provino de allí, de una lejana estrella, y que había conseguido hacer la paz en la promesa de una corona que todo lo podía en nombre de la tranquilidad y de la armonía, en nombre de la paz que tan necesaria olvidamos a veces en las disputas.
      Esa conexión entre animales, sea de raza humana o sea raza felina su descendencia, estaba para hacer posible un bienestar común, un bienestar en el que el hombre disfrutaba de las sensaciones que provocaba sus recuerdos, añorando al animal que entre juegos vivió, dando felicidad y rebosando de entusiasmo por el logro de vivir en paz. Un accidente es un accidente y a eso no se le puede reprochar nada, pues es el sentido del destino el que marca la vida, aunque podamos labrar un destino acorde con los sentimientos que tenemos hacia algo o alguien, el recuerdo prevalece en esa conexión, deseando que todo siga bien y que vaya a mejor. Un animal sagrado como era Jorma, no se le puede sustituir con el recuerdo de sus hazañas y días en los que correteaba por los senderos, que entre toda la vida transcurrida sería el mejor de los recuerdos el que quedara en la memoria de nuestro reyes y en el hecho de un hermano que siente la lejanía y la perdida como compañero de juegos, pues sustituir momentos reales por pequeños recuerdos invade el sentido común de quienes hecha de menos una particular situación, valorada con el respeto de la vida, una vida que Jorma tendría lejos de su hermano, pues entre ellos empezó un juego duro por la madurez de sus instintos.
       Todo transcurría con lentitud después del accidente. Las tardes era mas pesadas y se hacían cuesta arriba cuando Matti pasaba por la habitación, por la habitación del oeste, que era la que marcaba el paso de la tarde, cuando el sol se ocultaba entre las montañas y y su hermano daba el rugido de buenas noches. Matti se sentaba en esa habitación, mirando lejos, con la intención de recordar algunos momentos, pero con la mecánica psicológica de un animal, que evocaba varias sensaciones en vez de ver, como nuestros reyes, que las acciones acontecidas en ese recuerdo de la vida de Jorma evocaran pasajes únicos de la vida del animal. Matti pasaba muchas horas de su habitación a la del hermano y otra vez a su habitación. Cuando amanecía rugía con mucha fuerza y se sentía dolido. Por las tardes rugía de tristeza y casi de desesperación a ver su soledad acrecentada con el tiempo. No lo había decidido todavía pero se veía que quería ir a ver al anciano de las estrellas para que pudiera hacer algo. Algo que simplemente sería vivir en libertad y aprender en los montes de lo que siempre se le privo; vida animal y salvaje en las montañas de nieve.
       Por las mañanas empezó a despertarse antes y con sus zarpas abría la puerta y se iba a la colina. Quería cambiar, tomar otras costumbres y dedicarse a variar el sentido que le daba a la vida, pues sin compañero de juegos se le hacía mas pesado correr y saltar. Aunque ese apego a los juegos no estuviera dentro de los canones normales de los animales, estos se habían criado de manera totalmente distinta a otras generaciones y de esta manera se podía ver que eran animales especiales, que vivían juntos y que no habían olvidado su etapa de juventud, siendo la misma que en la infancia y siendo de adultos muy distinta a lo imaginado.
       Esta vez Matti decidió levantarse temprano y salir a corretear, a ver su propio reflejo en el lago o beber en la cascada, hasta que en la mañana se dio cuanta de que poco a poco su naturaleza animal se convertía en salvaje. Le gustaba perseguir a los conejos y enfrentarse a los ciervos, le gustaba correr detrás de cualquier cosa que tuviese cuatro patas e incluso, saciarse de su sangre. Esta vez Matti, decidió correr por su cuenta, aunque en las noches tuviera que buscar refugio en las cuevas o entre los matorrales. Decidió buscarse la vida como animal y no como compañero de los reyes. Antes de no asistir a la llamada del cuerno, sufrió con su decisión de no volver al castillo, pero se sentía vivo, despierto, aunque no estuviese su hermano detrás de el, aunque sintiese la pereza de recostarse al lado de la chimenea. Se sintió vivo y cambio su forma de vida, llevado por el instinto que como todo animal posee en sus adentros, haciendo de su vida un camino salvaje que le llevaría hasta el mas preciado de los bienes, la libertad de ser lo que es y no un manso animal, pero para los reyes, que el echaba de menos, había sido un gran golpe sentimental pues ellos, los animales, tienen sentimientos y nosotros los humanos que entendemos de los sentimientos en otra dimensión, no pudieron hacerse a la idea de que también perderían a Matti, de forma distinta pero mas dolorosa, pues ya no es perder a uno sino a los dos.
       Se dice, que cuenta la leyenda, que vivió por muchos años alrededor del castillo y que todavía se comía de lo que en el molino dejaban, la harina con leche, y que bebía agua de la cascada mientras las mujeres lavaban la ropa, y que se dejaba ver pero no tocar, ya que se había manchado de sangre con sus piezas de caza y alimento, pero acostumbrado a no atacar a los humanos no significaba que hubiese temor alguno en su aparición en medio del camino.
       Cuentan que encontró a una semejante pues se le perdió de vista durante muchos meses hasta que apareció de nuevo por los alrededores, sabiendo que por los caminos de otros lugares mas al sur se habían visto con una gueparda blanca, una gueparda de las nieves que con unos meses de gestación tenía una barriga abultada. Después de haberse visto con el animal nuestro guepardo sagrado, siendo esta mucho mas salvaje que Matti, aprendió todo lo que hay que aprender, y por lo visto atacó a unos campesinos que llevaban una cabras atadas a una carreta y que fueron salvajemente destrozadas por un animal felino en la noche, mientras descansaban, siendo imposible que fuese Matti ya que con el olor a los humanos infundiría el respeto que había aprendido de ellos respetándolos. Aunque la diferencia era que tenía muchas mas manchas y un poco mas pequeña que Matti, también diferenciaba a quien atacar y como, aunque unas cabras cerca de los humanos, para Matti no había peligro. Al atacar a un grupo de aldeanos que llevaban verduras y animales al mercado de otro poblado, se disparó la alerta y creyeron que corrían peligro y empezó una caza que casi deja como alfombra a la amada de Matti. Dedujeron que había dejado descendencia nuestro amigo de las nieves al ver en la primavera a un cachorro de guepardo por los lugares del sur. Era raro que la corona no pudiera hacer nada, ya que la paz estaba truncada por los ataques a personas, siendo normal que el animal que vive en sus montes y en sus bosques sea invitado a irse a otros parajes por la condicionalidad humana que aparta el cariño y la desmesura del camino para hacer daño a quienes pueblan en aldeas bajo la corona del rey Häjbeik.

        En los tiempos actuales, el tataranieto del primer rey que tuvo los montes de Häjbeik, seguía con la incertidumbre de sus pesadillas, de sus sueños en las madrugadas. El soñaba con la bestia, con el guepardo de las nieves, y quedó en las generaciones aquella leyenda de los hermanos guepardos de las nieves, que recordaba como se lo contaba su abuela, y su abuela su bisabuela y así generación tras generación. La despedida de nuestro animal guepardo de las nieves al primer rey Häjbeik quedo plasmada en los recuerdos de todas las generaciones porque así lo quiso nuestro rey, ya que se sucedió aquella mañana en la que llegó Matti al castillo, una mañana de invierno, cuando todo estaba nevado, dirigiéndose a la habitación del rey, subiéndose en su cama y respirándole en la frente y en la boca, resoplando su aire frío en la cabeza de nuestro rey, antes de rugir y dar los buenos días a nuestro rey para luego salir corriendo y no volver a verlo nunca mas. Se dice que fue a buscar al hermano lejos, y nuestro rey desde la ventana vio como se dirigía al este, al amanecer, al encuentro del sol y de su hermano, y al encuentro de la compañía que quería su instinto, tan apegado a los juegos y a desear no crecer como adulto, para dar sentido a la inocencia que nos hace personas y que nos lleva a ser humano, con la alegría y la sabiduría que la espontaneidad nos da cuando esa inocencia está con nosotros, pues no dejamos de ser niño, solo somos adultos moralmente maduros, para hacer de la vida un lugar mejor en el que la compañía de juego se hecha de menos en animales tan dispuestos a disfrutar y ser como niños.

domingo, 27 de diciembre de 2015

7.-La separación.

        Una tarde, después de los incidentes del rey Seminot, salieron los guepardos con el rey y la reina a dar un paseo por los bosques y montes. Los reyes salieron a caballo y los guepardos marcaban el sitio por donde ir. Primero fueron por el molino donde estaban entretenidos los hermanos mientras llegaban los caballos, luego fueron rio abajo hasta la pequeña cascada, donde se bajaron de los caballos y sorbieron pequeños buches de agua con la mano, luego siguieron el camino hasta la cima de una de las montañas para ver los valles y el lago y mas tarde se retiraron al castillo, donde fueron llamados los guerpardos con un toque de cuerno. No aparecían. Se les llamo otra vez y tardaban demasiado, así que sonó dos veces. Apareció Matti, corriendo hasta el trono y muy agitado quería que los siguiesen porque cogió la mano de la reina con un poco de brusquedad y tirando de ella siguió hasta las cuadra. El rey montó y siguió a Matti. Cabalgaron durante unos diez minutos a galope tendido, con un séquito detrás pues la gente de la corte quería ver que ocurría y cuando llegaron vieron a Jorma despeñado, en uno de los desfiladeros de la montaña, precisamente de donde se cogieron los materiales para el castillo. Estaba allí abajo, tumbado y sin reaccionar. Buscaron la manera de bajar y de llegar hasta el animal. Les estaba costando porque era un sitio muy inaccesible, lleno de piedras puntiagudas y con mucha altura. Una vez llegaron abajo, solo pudieron recoger al animal sin sentido. Seguramente, en uno de los saltos y juegos de los hermanos este se despeñó por uno de los lados del camino, y sin poder reaccionar se precipitó por la cantera hasta casi perder su vida entre tumbos y golpes hirientes.
           No sabían que hacer, con el animal mal herido y sin recobrar el sentido, pero vivo, pues latía su corazón con mucha fuerza. Al rey se le ocurrió llamar al anciano de las estrellas para ver si pudiera hacer algo, como sacar una vara mágica y despertar al animal de su sueño. Cabalgó hasta encontrar al anciano y le expuso el problema. El anciano solo pudo decir que esa noche iría a buscarlo pues el trabajo del animal había terminado. Se lo llevaría esa noche a donde pudiera correr con libertad pues la manera de hacer posible la convivencia a veces trunca la decisión de dos, siendo libre en otros montes donde aprenderá a cazar y a vivir por su cuenta pues después del accidente debieran de separarse como buenos hermanos debido a la madurez que requiere aceptar que los juegos cada vez iban a mas violencia, pues innato en los animales está el bárbaro salvajismo de los felinos, ya que entre ellos, de los dos hermanos, Jorma era la tarde y era el que esperaba a que cayese el sol para dar su carrera hasta el castillo, arrastrando a Matti hasta su lugar de descanso con un sigiloso galopar entre los peñascos, pero también era el que rugía a su hermano por las mañanas para que no le molestase y descansase un poco mas, cuando en el día anterior, por la tarde, se perdían como locos por entre los montes y bosques del rey Häjbeik. Tener a un hermano lejos es duro, es una situación delicada y extremadamente sensible, cuando se acostumbran a convivir con juegos y con toda la atención del mundo, libres pero amaestrados, juntos e inseparables a las ordenes de un rey que los adoptó con la condición de que madurasen y se criasen como mascotas, y no es cuestión de un rey vivir a expensas de criarlos y educarlos cuando lo han tenido todo, es cuestión de dejar a la naturaleza en su sitio, con sus cosas, con sus costumbres y maneras de hacer las cosas, cada cual con su condición de animal. Ahora se había enriscado por culpa de esas carreras y por querer gastar una broma a Matti, Jorma se escondió en una esquina del desfiladero y al pasar salto encima de Matti y este se dejo caer dando media vuelta y sin querer envió a Jorma al fondo de la cantera. Si ocurrió una vez, no habrá próxima pues el anciano de las estrellas se lo llevará lejos, tan lejos que quizás lo envíe a otra galaxia, a otro planeta donde pueda hacer de animal, cazar como un animal, vivir como un animal, siendo amaestrado de nuevo de manera que aprenda todo lo que se le negó de un principio y siga su curso como animal salvaje.
          Matti estaba llorando y se le veía muy triste, al igual que muchos aldeanos, pero no era suficiente ya que no sabía como compensar a Matti con la perdida de Jorma pues la vida la llevaban los dos, juntos como hermanos, saludables y compañeros, y aun así conmocionados por la pena que les dejó Jorma, tendrían que buscar una solución pues el animal, el hermano guepardo de las nieves ya no estaría. Eran animales libres y juguetones y en algún momento tendrían que irse, aunque fuera antes de tiempo, aunque no nos parezca justo, aunque haya sido entre juegos, aunque un hermano se quede llorándole cada tarde, aunque el instinto de soledad coexista, pues tendría que seguir la vida de uno aunque no fuera para el otro lo mismo, y así perdurar en el día a día hasta que en algún momento se vieran las ganas de luchar sin el sentimiento de soledad.
Pasaron semanas y Matti deambulaba por el castillo, esperaba al desayuno de los reyes y se metía debajo de la mesa, intentando llamar la atención. Había perdido el apetito, comía mucho menos y no paraba de ir y venir de la habitación del Oeste hacia la suya. Por las tardes se le podía ver arañando la puerta hasta abrirla y sentarse en medio de la habitación mientras miraba por la ventana hasta caer el Sol, y raspando los cojines de la habitación con sus uñas hasta hacer jirones las telas, con bufidos que daban miedo y desgarradora impotencia. Matti no estaba preparado para llevar una vida en soledad y se había vuelto agresivo. Cuando le daban de comer y si es que comía, daba zarpazos al plato, tirando la leche y el pan por el suelo. Estaba en una depresión muy aguda, incluso llegó a arañar a quien peinaba sus pelajes. Se estaba volviendo huraño y no salía de su habitación muy a menudo y cuando salía iba a la de su hermano y allí pasaba la tarde.
       Los señores de los montes de Häjbeik y reyes de los condados del Norte, Sur, Este y Oeste, no sabían que hacer y decidió ir a ver al anciano de las estrellas. En su camino intentó llevar a Matti hasta allí y fue pero sin correr, iba muy despacio pegado a los talones del caballo y a desgana. Le guiaba el profundo afecto que le tenía a su rey y amo, aunque todos jugaron a ser amo por un momento de los hermanos de las montañas. Una vez llegaron a los pies de la montaña y comenzaron el ascenso hasta la cúpula celeste, se notaba mas animado a Matti y sería porque el señor de la cúpula, el anciano de las estrellas, también corresponden los cuidados que tuvo en su crianza. El anciano los estaba esperando y sabia ya lo que tenía que decir, pues ese el es destino, el que nos da y nos quita la vida, pero lo que debemos de entender es que en el camino que recorremos para ese destino, depende de lo sensatos que seamos o dependiendo de la capacidad de reacción que poseamos, incluso dar la cara a la vida en la que encontramos un sentido por el que luchar o por el que incluso vivir, es la parte dedicada a la entrega de uno mismo y de los demás. Jorma se había entregado a la vida y para salvar la de Matti entregado a la existencia, ya que iban a caer los dos por el desfiladero pero Jorma supo darle con las patas traseras el suficiente golpe como para hacerle ganar el equilibrio y quedarse azorado en el mismo filo del desfiladero, bajando hasta llegar al cuerpo del hermano y consolarlo en un adiós que duele, que mortifica pero que fue un digno final, y como último suspiro los lengüetazos de un hermano que le atiende y que le da las gracias a su forma. El anciano de las estrellas le comento que el dolor humano no se puede comparar con el de los animales, pero los animales que estaban predestinados a vivir juntos aprenden a vivir en compañía y cuando se les priva de tal magnitud no serán los mismos, ya que el sentido del dolor no lo pueden manifestar y para consolarlo simplemente hay que dejar que su instinto lo guíe hasta el último de sus días. Las personas, los humanos, manifestamos nuestra manera de ser con palabras y gestos y podemos diferenciar y discernir en momentos de crisis, ahogar la angustia en un llanto, suprimir el dolor con una alegría, pero para todo ello debemos de conocer al otro, al que nos ayuda, al que nos hace entender al consolarnos de la pena que debemos o necesitamos tener, pero Matti ahora estaba solo, había venido de las estrellas junto con su hermano y simplemente tendremos que esperar a ver que ocurre con un animal que aprendió a vivir en compañía y ahora tendrá que aprender a vivir en soledad, pues los semejantes hacen mucho mas por uno de su misma ideología y la idiosincrasia que los separa se hará grata cuando sepan por qué piensan de una manera u otra. Tendrán que esperar a ver como reacciona Matti, a ver como pasa el tiempo y se recupera pues el dolor se nos va de las manos cuando aprendemos a asumirlo, y así será para el hermano de las montañas, tiempo al tiempo.

          Una mañana muy temprano, el rey noto que había entrado Matti a su alcoba, que se había subido a su cama y que con el hocico en la frente, resoplaba hasta hacer sentir el frío de su nariz, y con una sensación de incredulidad cuando despertó ya no estaba. En el ensueño que vivió con Matti encima de el, le animó a entender que el animal debería de estar libre, ya que con la falta de su hermano, el significado que se le da a la vida en los Montes de Häjbeik era desmesuradamente distinto, pues ahora el símbolo de la tranquilidad y la armonía, decayeron por la falta de estímulo, principalmente por la falta de hermandad entre los dos animales, que ahora quedaría fuera del juego y de la distinción que otorgaba estos hermanos para los aldeanos. En ese ensueño en el que Matti le resoplaba en la frente, al amanecer, el rey se levanto y miró por la ventana, esperando su preciado regalo de la vida, en le que se le han otorgado poderes de paz y buenaventura, esperando que el animal le diese el rugido de buenos días y que el Sol acariciase la ventana y el rostro de nuestro rey. Esperó y desde la ventana vio como se iba Matti por la puerta principal, galopando muy rápido y huyendo de la mediocridad que le daba el estar solo, sin compañía, mientras nuestro rey con una sensación de impotencia se prometió a si mismo que nunca olvidaría esta mañana en la que la despedida de Matti llego y en la que la vida vuelve sin los animales.

miércoles, 9 de diciembre de 2015

6.-La guerra y la paz.

          El rey se levanto de madrugada, bajo la penumbra de la noche, pues quería salvaguardar su reinado en paz y solo podía hacerlo con la magia de la corona. Debería poner la corona en su cabeza al amanecer para desear esa paz, para invocar el poder del anciano que todavía vivía en esos montes y evitar el derramamiento de sangre y actos de violencia, siendo demasiado tarde si esperaba al amanecer, así que sigilosamente fue hasta el trono, se sentó y se colocó su corona, entonces empezó a irradiar su luz particular mientras sentía el poder de la paz en toda su mente y cuerpo a la vez que el espíritu se elevaba hasta llegar al punto del conflicto.            Habían unos batallones unos kilómetros mas al sur que intentarían invadir el poblado y el rey deberá actuar con la ayuda del anciano del espacio. Los hermanos guepardos, sin embargo, deberían de desayunar y salir, como de costumbre, a corretear por los montes y pasearse por la aldea. Estaba ansioso por hacer sentir la paz en ese enemigo del sur, que como cualquier rey de aquella época, buscaba un reinado mas grande y poderoso a cuenta de invadir y destronar a quienes tienen un trozo de tierra alrededor de una aldea. Cada poblado que había sido invadido, se inclinan ante un rey que es avaricioso y que toma por la fuerza la dignidad de las personas, que hace sentir a los servidores de su lealtad como si fuesen fango, pues el barro del camino es costoso de limpiar, aunque se quite fácil de las botas, pues no se puede ir uno arrastrando hasta llegar a los pies de quien solo quiere esclavizar por el temor que les provoca la muerte, y así, bajo el semblante del rey del Sur, iba destronando a quienes se encontraban a su paso.
         Esta guerra sería diferente, pues esta batalla no se jugaría a la muerte y derrota del enemigo, esta guerra sería marcada por la magia de la corona del rey Häjbeik y del poder del anciano de la montaña, que enviaría a sus poderosos guerreros en forma de ángeles. En caso de guerra vendrían los ángeles con sus espadas de fuego a derrotar a quienes quieren usurpar el trono de la paz, de la armonía, de la dicha y el gozo de mantener el gran amor a la libertad en esos montes de Häjbeik, dejándolos inmersos en un gozo fuera de lo normal, pues en en cada choque de armas, para que así vieran el poder de la paz y no el de la guerra, resplandecería la calma y el sosiego en un enfrentamiento fuera de lo normal.                Tendrían que darse cuenta por ellos mismos, que no conduciría a nada el querer empuñar las espadas en una guerra para usurpar un reino, aun sintiendo el gozo celestial de la voluntad de la corona quien gobierna todos sus alrededores. Tendrían que morir de gozo si es lo que desean, y si se daban cuenta de ese poder, se quedarían para hacer mas fuerte el reinado de la misericordia y el perdón, para que habitasen en ellos el significado de los guepardos de las montañas, la plena y pura convivencia en paz .
       Le había llegado un mensaje al rey de un rey no muy lejos de los montes de Häjbeik, en le cual se le solicitaba para prestar juramento y lealtad a la nueva monarquía impuesta por ese vecino. Ese rey, el rey de los montes del Sur, su majestad Seminot, quiere gobernar en todos los poblados anexos al suyo, pero lo que no sabía es que cada poblado podía ser sumiso menos el que gobernaba en los montes de Häjbeik ya que estaba predestinado que gobernase en paz para dar ejemplo a quienes buscan poder por la fuerza y a quienes buscaban otro destino distinto al que ya los dioses habían otorgado, por el poder de la paz, de la armonía y de la tranquilidad.
Llevar la corona siempre puesta en la cabeza es símbolo de cordura, aunque daba muchos quebrantaderos de ideas al propio rey, que decidió un día ponerse solo la corona en momentos de crisis, y así fue. A los dos días de recibir la carta del rey Seminot, el cuñó otra y le dijo a ese rey que todos los que apoyasen a la corona de Häjbeik serian gobiernos y reinados autosuficientes e independientes, sin guerras ni rencillas entre los demás, pues estaban bien acostumbrados a ese tipo de vida que será ejemplo del reinado del Sur si cesa en la lucha innecesaria. Le dictó también que los ángeles que vendrían solo derramarían amor en su batalla, y bajo el choque de las espadas, las vibraciones que dejan son celestiales, haciendo al guerrero mas fuerte el mas manso de los sirvientes.
         Al tercer día de recibir la circular del nuestro rey, los ejércitos de Seminot se pusieron en marcha y nada mas entrar en los dominios de los montes de Häjbeik bajaron los ángeles con sus espadas de fuego, de un fuego helado que no hacía herida, que mas bien vibraba y mandaba su onda a través del acero para que esa sensación de bienestar se asentara entre la paz y la armonía y así diezmaron a los caballeros de Seminot, ya que sentir ese gozo celestial e intentar luchar en contra de esa sensación, provocaría espantosos dolores de cabeza, pues sumergirse en la paz y armonía implica voluntad, y la voluntad de quienes sienten el éxtasis divino y luchan a favor de la tolerancia y respeto, viven para contarlo; o se convierten en seres que perdonan y se dan cuenta del mal que hace las luchas de poder y de gloria bajo las armas o asiente con respeto y ganas la paz y armonía que merecemos todos, porque luchar hay que luchar pero las armas condicionan la ventaja, y esta ventaja debería de mostrar la capacidad de fraternización humana entre todos los que viven para mostrar la aceptación y dignidad que un rey para la paz nos preste gracias al anciano del espacio y al Dios Eom que todos veneran. Cuando te resistes a la bendición de los ángeles puede caer en tu orgullo y bloquear tus pensamientos de violencia, notando la sensación que paraliza la rabia y la ira y evidenciar la sensación que quiere la corona de los montes de Häjbeik. A la otra mitad de soldados que no aceptaban la onda de paz y armonía los volvió casi locos, pues se hacía liberar con respecto a las guerras y luchas, las innecesarias batallas por el poder de un solo rey que tiene ambición y codicia por los reinados de los demás, convirtiendo en mansos soldados al servicio de la paz y de la tranquilidad, con la diferencia de no confundir el bien con el mal y por ese hecho de sentir que poco a poco se transforman en seres dignos de la convivencia sin armas y sin hacer daño, con respeto y tranquilidad y sobre todo con paz y armonía. Seminot no se creía de lo ocurrido y cuando vio a su ejercito diezmado y con generales que hablaban de paz y no de guerra, quedó bastante malhumorado pero supo desde entonces que esos poblados solo tendrían que estar en paz y que cada trozo de tierra al que gobernar se quedaría sin el viejo rey del sur y bajo una corona de poder y calma, para darle gracias a la corona de Häjbeik por tener y poseer aun así los condados.
      La leyenda de los Montes de Häjbeik había empezado, se hablaba en lugares lejanos la tranquilidad que respiraban por aquellas montañas, de la cordura que tenía su rey al desear con el poder que le otorgaron desde hacía mucho y que les costaba imaginar: un pueblo regido por la paz y la armonía del gozo que da sentir la vida debajo de los pies, de sentir a cada paso la seguridad de encontrar buenas maneras de hacer la convivencia, de saber que en esos condados la vida resurge a quienes libran la batalla del silencio con mas silencio y de quienes prestan al ruido la tranquilidad de saber que no daña a los oídos ni a las mente, sino que prestan gozosas sensaciones y vibraciones. En el mercado o en las calles de una ciudad que creció en muy poco tiempo, llena de gente que ayuda al otro y que hace posible la entrega o que en cada falta de algún material se prestarían a ir a buscarlo, que en cada esquina hay alguien dispuesto a ayudar a quien lo necesita. En los campos, todos trabajaban para rendir cuentas al rey, y rendían con diezmos sensatos e incluso el pueblo regalaba y hacía muchas ofrendas al rey nada mas que para acercarse al castillo y ver salir corriendo a los hermanos guepàrdos. Dejaban verduras o algún presente a los pies de la puerta de nuestro queridísimo rey Häjbeik, pues la dicha de sentirse satisfechos, sin vicios ni adicciones materiales, espiritualmente sabían que por los montes de nuestro rey la gloria aparece en cada paso que das si lo das hacia adelante y con la intención de dar el siguiente paso mejor y así, con este truco del paso enseñado a los niños, regiría dentro de la constelación que guarda ese reinado, cada paso seria que el otro, con la diferencia de que todos los niños serían mejores personas para cuidar entre otras cosas, la seguridad y la fraternidad de lo que estaban haciendo y si comparten como dignos hermanos, esos pasos llegarán muy lejos.
        La batalla termino con la victoria de los ángeles, que hicieron de las vibraciones cósmicas un lugar digno de entrega. Los soldados enemigos tiraron las armas, se sentaron alrededor de los ángeles y esperaron sus bendiciones. Cuesta mucho cambiar las mentes, cambiar el sentido a la dignidad que le damos a la guerra, pero estos ángeles, con solo mirar, cambian al ser mas horrendo volviéndolo apacible y digno, honrado y venerable, ya que de donde vienen, acompañando al anciano de las estrellas, la violencia o las guerras no estaban en su vocabulario, pues hay sitio para todos, con normas esenciales que simplemente tienen que dejar pasar para que purificaran con su halo de vibraciones y dejar la connotación espiritual en el centro del corazón y de la mente, para sentir esa paz que nos hace humanos y poder transmitir sosiego y armonía. La gente por naturaleza es ingrata pero a la luz de la corona del rey todos se hacen gratos y dignos de estar presente en la vida y en la tierra de la promesa del cosmos, que es guardar el orden dentro del cáos, con la armonía que sufraga el poder del rey ante toda la malicia del mundo, cambiar ese sentido que le dan a la vida con el poder y la gloria de ser el mas fuerte, pudiendo ser el mas hábil con las armas de la paz, para que así el poder y la gloria sean gratificados con la propia razón del mas generoso o del mas fuerte al estar armado con la tranquilidad y seguridad de una diplomacia fuera de lo común, una diplomacia que nos hace dignos de ver en el reflejo de la vida cuando es con el amor a la vida y a lo que nos rodea el ápice que bordea al sentimiento humano.


        El rey Seminot no se esperaba que todos sus soldados se volvieran en contra de el, que sus soldados prefirieran vivir en armonía en unas tierras enemigas, unas tierras que con el paso de los años se hicieron mas fuerte con el amor digno de una corona mágica. Todos los soldados que probaron las espadas de los ángeles volvieron a sus tierras con sus mujeres e hijos para hacer un mundo mejor, sin violencia, con la digna mirada al cielo esperando un poco de paz, y así, en muchos poblados de los alrededores de los montes de Häjbeik, rindieron la promesa de servir a la corona de nuestro rey, para hacer posible un mundo en el que las armas se quedaron lejos, si sirvieran para destruir a semejantes en un campo de batalla. Muchos decidieron ir a los montes de nuestro rey a vivir, y así migraron muchos cerca del castillo. Los reyes cercanos a nuestro rey, asumieron que el papel del poder no podría ser por la fuerza, y lanzaron sobre sus aldeanos el mismo mensaje que quiere nuestro rey para sus aldeanos: la paz hace al hombre y el hombre se dignifica con el sentido que a esa paz le dan, hasta hacer viable la dignidad por el amor al prójimo y a si mismo.

lunes, 23 de noviembre de 2015

5.- Los comienzos del reinado

      Se había ganado el preciado interés de sus aldeanos, y ya habían construido gran parte del castillo, con piedras traídas de la montaña y cortadas con una herramienta muy curiosa, pues el señor del espacio lo llamaba laser y podía cortar un tronco de una tajada. Construían el castillo con unos pocos caballos arrastrando los bloques y algunos aldeanos poniendo las lozas, con mucha tranquilidad, pues había tiempo. Mientras tuviera la corona en la cabeza, el placer y la paz que emanaban del rey de Häjbeik hacía que todo los aldeanos pusieran mas ganas y mas interés por estar cerca del monarca pues la sensación era indescriptible, como un imán que atrae el metal, esta corona atraía a los hombres y los hacia dignos de paz y de concordia, mientras los cachorros hacían las delicias de los mas pequeños a la vez que jugaban panza arriba con los gatos que se convirtieron en los grandes guepardos de las montañas. Durante meses trabajaron con ahínco, pues las cosechas iban bien, los frutales llenos de frutas, las alacenas llenas de miel y las mesas abundantes con muchos y distintos alimentos elaborados por las aldeanas, que mantenían todo recogido en las casas y guardaban de sus pequeños por las tardes. Entre las decenas de personas que habían y los alimentos que brindaba la tierra eran suficientes, además, trabajaban los justo y con ganas pues desde que bajó por la montaña todos supieron rendir gracias al rey Häjbeik con la pleitesía necesaria, tal y como el señor de los cielos, que bajo para consagrarlo, había advertido al pueblo que se asentaba a los pies de la montaña que dio nombre a los montes de Häjbeik.
      Pasaron unos meses y el castillo estaba construido. Tenia dos plantas y dos torres a los lados, una daba al este y otra al oeste. Con una puerta que daba al norte y un muro al sur, en unos espaciados compartimentos por toda la primera planta y con grandes habitaciones arriba, dio alojamientos al rey y a varios de sus mandatarios, que eran solteros de la aldea que prestaron votos al servicio del monarca y a cumplir la misión que desde un principio se habían comprometido a ello.
      El monarca decidió, al año de vivir en aquellas paredes, que celebraría un festejo para proclamar a su mujer, tal y como le había aconsejado el anciano del espacio, pues ya había llegado su hora. Quería celebrar una fiesta para buscar a su mujer. A él le daba lo mismo quien fuera, pues la trataría como a la mejor de las reinas, pero tenía que buscarla o elegirla. En cuestión de semanas se daría el banquete para el acontecimiento, en el que estaban invitadas todas las mujeres que quisieran desposar al rey. En los pueblos cercanos ya se oía hablar de la magnitud de nuestro rey y llevó a muchas curiosas a palacio. Se esperarían como unas treinta aldeanas, mujeres sencillas con sus mejores ropajes además de algunas condesas y duquesas. En realidad al rey no le importaba la cuna de las mujeres, pues su padre casó con una costurera de palacio e hizo feliz a la mujer que el quería y que siempre querrá. El buscaría a quien verdaderamente pasara la prueba, pues tenía pensado pedir que trajesen cada una un pañuelo, con las iniciales bordadas y con el perfume que ellas utilizasen.
      En ese gran día todos estaban festejando en el baile, aunque se veía a muchas mujeres y poco hombres, hermanos o padres de las que se presentaban en el palacio para ser elegida. Todas habían puesto su pañuelo en un cesto grande en la entrada a la sala del palacio, y en un momento se pudieron ver cantidades de telas bordadas con exquisitos perfumes que dejaban impregnado el ambiente con los mejores y frescos aromas dignos de princesas. Sobre las doce de la noche, todos exhaustos de comer y bailar, se habían parado a petición del rey. Se fueron situando enfrente de los tronos, en el que uno estaba asistido por el rey y en el otro con un cojín y una capa, esperando a la reina. Después de unas palabras en las que todos oyeron como sublimes recomendaciones para la paz y la armonía en esas tierras, también oyeron lo que prometía el rey para su esposa, que tendría una vida sencilla y normal, aquí, al lado de él, y que le daría los hijos que Dios estimara, que tendría a las mascotas a su servicio y que la corona para ella sería labrada con las manos del anciano del espacio, pues todavía no tenía una para ella y no sería inconveniente el partir pronto hacia la montaña y pedirle al anciano semejante joya para el reinado. Como es sabido esta se la dio el señor del espacio y habría que forjar otra para su querida mujer y esposa, una vez pasara la ceremonia de elección.
Las mascotas estaban adiestradas a la mano del rey, que solo con el pensamiento y la corona hacía que los animales en su intuición obedeciesen, pues el pensamiento del señor de los montes de Häjbeik era puro e inmaculado, proveniente de reyes que necesitaban la paz y que lucharon por ella, aun así, el regalo que recibió de los cielos es un milagro mucho mayor que estar por aquella isla y de bote en bote hacia otros reinados en los que ahora quedan muy lejos. Estas mascotas, símbolo de la paz y de la concordia entre semejantes hizo el deleite de quienes allí estaban en un baile, un baile de las dos mascotas que parecía estar ensayado desde hace mucho y que simplemente fue una improvisación entre ellos dos y la magnitud del pensamiento y de la fuerza de la corona. Así que quedaron prendados por la complascencia del ese baile entre hermanos, entregados a moverse dando vueltas a dos patas o juntando las patas delanteras y dando pequeños saltos en concordancia, coordinación y armonía. Sorprendente juego de los animales hechos a la medida de la ocasión, en la que por los pasos y movimientos sincronizados, hicieron que mas de uno se estremeciera al igual que la corona hizo estremece al rey y a sus invitados, con una luz interior en cada uno que hizo ver la claridad del Sol en sus corazones, aunque ya habían pasado de las doce de la noche y la Luna que asomaba llena se dejaba ver por entre los ventanales del salón en el que esperaban para acontecer el gran evento que los había traído hasta allí.
       Después del baile la gran sorpresa, pues se iba a elegir a la dama que acompañaría a nuestro señor y todavía era un misterio el que supiesen quien iba o como la iban a elegir. Los hermanos se pusieron en el centro de la sala y se pidió que las damas se pusieren alrededor, todas cogidas de la mano. Estaban bastante junta pues el espacio del salón no es que fuese pequeño, es que habían como unas ochenta mujeres alrededor del trono. Un ayudante del rey colocó la cesta con los pañuelos en el centro, cerca de Matti y Jorma y de repente de apago la luz de las velas que iluminaban el salón. Entonces la corona empezó a irradiar una luz suave pero intensa. Se podía mirar a pesar de lo que destellaba y Matti fue hacia el cesto con los pañuelos, empezó a mover el hocico dentro de el y cogió uno de los pañuelos de entre todos los que estaban en el. Por otro lado, Jorma se dirigió hacia una de las muchachas y la cogió de la mano con su boca, entonces Matti se acercó y le dio su pañuelo a la vez que la cogía por la otra mano y caminando hasta el trono, donde le esperaba el rey de pié, llegando ella sola a coger la mano del rey, en la misma que tenía el pañuelo para invitarla a sentarse en el trono. Poco a poco fue llegando la luz, mientras unas pequeñas esferas volátiles iban prendiendo las mechas de las velas y al poco todo estaba iluminado.
-¿Cómo te llamas?- preguntó el rey
-Me llamo Serena.
-Yo soy Klenor, rey de los Montes de Häjbeik y te tomo por esposa. Mañana será la boda. Estáis todos invitados.
El estallido de jolgorio y de aplausos inundó todo el castillo, y los hermanos se dirigieron a sus aposentos, para descansar y el rey y la reina se fueron da dar un paseo por entre los jardines, que al lado del bosque parecían pequeños y diminutos, ya que los grandes árboles impresionaban en sus sombras con la luna, debido a la grandeza y altura y también por el aleteo de un montón de pájaros al salir a cielo abierto. Pasearon durante un buen rato y se hablaron, se conocieron, se intercambiaron los pañuelos y cada uno se sorprendía de el otro, ya que como novicios tienen que hacer lo mejor el uno por el otro y sembrar desde el primer momento las bendiciones prestadas a cambio de amor.
      La mañana fue de lo mas tranquila. Había sol y se había quedado mucha gente en palacio y en unas casetas improvisadas para tal evento. Todos tenían ganas de presenciar la boda y lo mas sorprendente, sería el anciano del espacio quien los casara. Llegó muy temprano y ya se habían levantado Matti y Jorma y también nuestro rey, pues le dio de desayunar a los hermanos y a la reina la llevó a la mesa donde desayunaron plácidamente. Sobre el medio día, en la carpa central de los jardines se podía ver el brillo de la corona y al lado una mas pequeña que quería brillar tanto o más como la del rey pero que guardará sus funciones tal y como estaba predestinado.
       En el paseo hasta llegar al altar fue apoteósico, donde esperaba el anciano del espacio, cogidos de la mano y dando pasos largos y definidos a un compás. No paraban de aplaudir y de dar vítores a los reyes, en particular a la novicia y mujer del señor de los montes de Häjbeik. Para dar paso en la historia y proclamar a la mujer reina, habían votos que los definieron y entre ellos estaba la de guardar la vida y el honor en paz y armonía, en un mundo que precisa el amor hacia todas las cosas, ellos celosamente guardarían ese honor y proclamarían en sus tronos la mejor intención de todas, vivir para cada ser en particular y gozar con cada uno de ellos para que la dicha entre los consortes sea gratificada con toda la comprensión del mundo y con toda la mejor intención de la verdad que pueda dar paso a una vida mejor para todos.
Al llegar al altar, se sentaron en los tronos predispuestos, con los guepardos a los lados y con una corona puesta en un cojín, para dar paso a unas palabras del anciano y otorgar los poderes a la reina, que tan galantemente habían escogido los hermanos guepardos de las nieves. Los poderes de la reina serian salvaguardar el honor de la verdad y de la honestidad, para que todos, en un mundo mejor, puedan hacer de la palabra una buena intención y así guardar la compostura para todas las ocasiones.

      Una vez coronada, se levantaron ambos de sus tronos, se miraron, se cogieron de la mano y por primera vez se besaron, bajo un estrepitoso aplaudir de la gente y de vítores que los hacían dichosos en esta boda tan especial para quienes quieren tomar de la mano la buena intención de las costumbres.

domingo, 8 de noviembre de 2015

4.-El anciano de las estrellas.

       En las montañas del pueblo de Häbeik vivía un señor, un anciano que provenía de las estrellas, de un lugar lejano, de un lugar que sólo él podía imaginar, de un lugar en el tiempo y en el espacio muy lejos de lo que en esos tiempo se podría suponer o vislumbrar. En los sueños de este anciano habitaba la esperanza de un mundo con paz, con armonía, y ese acometido lo quería llevar como ejemplo a otras civilizaciones pues en sus miradas continuas al universo, el sabía que la tranquilidad de prosperar con el regalo de la compasión y la felicidad que emana de la inteligencia y entendimiento de la raza humana, siendo un claro fundamento en la historia del hombre.
      Eligió esas montañas, porque desde la cima de una, de la más alta, se podía ver una única estrella estática, la cual era el centro de toda la constelación que rige el movimiento de todos los planetas y sistemas galácticos que están alrededor de sus aspas. Este anciano se hizo una promesa hace mucho tiempo, cuando llegó de su viaje desde el recóndito universo, y llegó por casualidad, como en muchas de las historias ocurridas en el pasado, dando un sentido digno a lo que hemos de hacer por inercia y causalidad de otros acontecimientos que unen y gían en la linea de suceción de la fe humana o mas bien de los acontecimientos de la verdadera historia que une a los hombres y a sus costumbres. De donde venía se podía ejercer un plácido sentido común, el de ser sensato con respeto hacia los semejantes, y utilizar los poderes sobrenaturales en un digno sentido que ejerciera la fuerza sobre lo bueno, lo grato, lo agradable y lo estimado en concordancia con la paz y la armonía ya que en su lejano planeta vivían pocos, pero felices, pues encontraban en su entorno todo lo aprendido de los siglos luz que emerge alrededor de esa estrella, que era el centro de toda la divinidad del milagro de la vida. En una cúpula blanca, como los copos de nieve que caen en una mañana de frío, sueltos y firmes en la gravedad de la tierra pero ligeros y suaves como los primeros trozos de algodón que vuelan en el verano, llegó, en esa cúpula hermética y de tecnología muy superior a lo imaginable. Cuando los rayos del sol se acercan y entibian el ambiente, como los copos de nieve juntándose unos a otros hasta formar un ligero y trasparente cúmulo lleno de vida, así era la cúpula cuando se posó en los montes de Häjbeik, ligera y llena de vida pues en su grandeza solo tenía un propósito y era llenar de salud, energía y robustez a quienes confiaran en la paz que prestaba su entendimiento, fuera de lo común en la historia salvaje de muchos reyes y mandatarios. Llegó a esa montaña y concebió su idea a un hombre, que empezaría así una historia jamas contada en el universo, pues tendría poderes para hacer posible esa paz y armonía entre todos los que glorifiquen las buenas nuevas y las gratas opciones de convivencia.
      Una vez en la Tierra, antes de ceder lo dos cachorros de leopardos alvinos y la corona mágica a ese señor, al heredero señor de las tierras de Häbeik, se sintió gratificado cuando vio por primera vez ese lugar, con sus paisajes y ambiente, pues el anciano a la vez que consagró ese sitio con un ritual mágico, constató las próximas historias aun por escribir, fijándose de que dependía de la alineación constelar que tenía en ese momento ese lugar y desde entonces, desde ese momento y para siempre, lo mantiene como sagrado.
      Las visitas son agradecidas por quien presta su momento y por quien regala su espacio, para dar y entregar lo mejor de cada uno, lo más sagrado que tienen las personas y los humanos: el respeto a sí mismo y el respeto a los demás, el coraje y la valentía de ser leal, la fortuna de la humildad y el desapego hacía las mundanidades, la destreza por superar los obstáculos que emergen de terceros y la fuerza de ser hábil delante de los improvistos. Invitados somos todos, de la vida que nos rodea y del espacio que recibimos, invitados a vivir y a respetar en la tierra que nos presta su aire y su agua, su tierra y su fuego y sobre todo, la tierra que nos da vida y nos enseña qué es el respeto.
      El anciano le dejó esos regalos a ese señor porque en la visita le contó muchas cosas que él sabía, pero escuchaba, que le hacían reír y reía, que le hacían emocionarse y él se emocionaba, que sabía respetar porque respetaba cada gesto y cada movimiento, cada mirada y cada palabra. También venía de muy lejos, pues llevaba caminando muchas semanas, muchos meses, buscando una estrella que bajó del cielo, que calló en las tierras que ahora visitaba, pues sentía curiosidad por lo que sus ojos vieron caer del cielo, cuando desde su castillo situado en medio de una gran isla, en una noche sin nubes y con un cielo transparente, limpio y estrellado, vio como bajaba suavemente una cúpula celeste y con un centro blanco, con un halo azul intenso bajando hasta posarse en lejanas tierras, cayendo en esas montañas. Ver esa majestuosa esfera surcando los cielos y posándose en las montañas lejanas, hizo emprender el viaje a nuestro protagonista, el señor de las tierras de Häbeik, que impulsado por sus ganas de saber que había dentro de tal hermosura, caminó hasta lograr encontrar ese mágico destino que le prestó el respeto en la vida y el respeto hacia este anciano que le llamó Häbeik nada mas verlo. Cuando nombro a nuestro aventurero, esté se notaba extraño pero a la vez sorprendido, y supo alegrarse de ese nombre que le prestaba ese anciano, nombrándolo señor de esas tierras y señalándole después un confortable sitio para que tomara asiento. Hablaron durante horas, mientras nuestro viajero retomaba fuerzas con algunos alimentos que no había probado nunca, alimentos dulcemente suaves, con una textura de fruta pero con una consistencia parecida al pan de leche y mantequilla, que era la comida de los viajeros del espacio.

      Cuando se forzó para ese largo viaje, su largo viaje, el viaje que le llevaría a ese magnifico lugar, en aquel sitio que le dio larga esperanza como largo camino y tantas cosas sin darse cuenta, recordó la frase que le regaló en su despedida, antes de ir a los montes y buscar el sitio donde empezaría su vida, en su reino, con sus tronos y con sus nuevos horizontes, con sus nuevos propósitos y acciones a descubrir para seguir beneficiándose de su entorno y poder construir aquel hogar que siempre necesitamos tener, pero que siempre logran los humildes de corazón, los que saben de aquella frase, la frase con la que esculpió a pié de trono en un trozo del primer árbol que taló en aquel día, en el día que comenzó la vida para los pobladores la nueva aldea, de la nueva y renovada tierra de Häjbeik.
    Aquella frase que mantuvo durante mucho tiempo en mente, mientras caminaba, mientas buscaba su horizonte hacia el norte, le hizo pensar en todas las posibles combinaciones que pudieran hacer de su espacio un silencio logrando entender la objetividad y complejidad de aquella frase: cuando regreses encontraras lo que dejaste, cuando te vayas recuerda de donde partiste. Y así, el forjó un reinado, con gente que le ayudó encantada, pues el magnetismo de la corona y el símbolo de los dos cachorros, le dio el privilegio de ser rey en aquellos montes, y de ser monarca de aquellos pobladores cercanas a la montaña del señor del espacio, que ya había sido visitado y el cual aconteció con su propósito calculado por el destino celestial, para que formasen ese preciado reinado, ya que sería ejemplo de muchos países y naciones, y así cambiar la fortuna de este planeta Tierra, aun por crecer y aun por poblar.

martes, 3 de noviembre de 2015

3.- La paz de los hermanos.

      Las mañanas de uno de los hermanos y las tardes de otro, hacían que el recorrido hacia su aventurada montaña fuera agradable, o en el paseo hacia su aventajado castillo les diera en su camino muchas historias para los que observaban sus patas cuando pisaban la hierva, o de sus colas aguantando el equilibrio antes de perder en una curva la velocidad de sus carreras, o de ver sus orejas girarse cuando oían los pasos de alguien al acercarse, antes de quedarse parado para observarlos mientras ellos mismos hacían ruido con sus patas al pisar el suelo lleno de hojas, y otros, buscaban sus pisadas en la nieve, mientras ellos, jugueteaban colina abajo, dejándose caer con sus propios cuerpos, hasta salir uno detrás del otro, correteando y saltando como dos cachorros que han crecido domesticados, para que ni el uno ni el otro fueran independientes, para que el uno con el otro se complementasen en lo que hiciera falta, para que no fuesen unos solitario guepardo de las nieves.
      Los niños de la aldea imitaban a los hermanos de las montañas. Se les veía siempre juntos y todos los niños buscaban juegos en los que dependiera ir de dos en dos. Así, en vez de quedarse uno a la cogida, lo hacían dos, en vez de reclinar uno el lomo para que saltasen, lo hacían dos, en vez de quedarse uno solo contando para que los otros se escondiesen, lo hacían dos y era digno de ver, cómo hermanos y no tan hermanos, jugaban de dos en dos en los juegos por entre los patios y calles o entre las laderas de los montes o quizás por entre los pinares y riachuelos.
     Grandes, enormes, blancos y moteados en negro, con un tono ceniza entre los bigotes y con pequeños trazos difuminados entre sus manchas, así eran los hermanos de las montañas y en las tardes de nevada les hacían mas blancos y altos cuando correteaban por la nieve. Cuando pasaban cerca del molino de agua, se paseaban entre las cascadas de harina, y en verano, después de las cosechas, lamían las piedras del molino donde se molía el grano antes de terminar de lavarlas, limpiándolas de todas las cascarillas y pegotes del trigo molido, y en las mieses se echaban para zarparse el uno al otro, mientras retozaban frescos al llegar de las Piedras del Lomo, sitio donde pasaban entre ellos la mayor parte del tiempo, saltando entre las piedras y por entre las gotas de la cascada, cuando uno hacia nadar al otro al caer entre los esquivos de los juegos, haciéndose mas fuertes y robustos, para llegar lejos y mas rápido a los lugares de donde se criaron y dirigirse hacia el lugar en el que viven, en las habitaciones del Este y del Oeste en el castillo del señor de los montes de Häjbeik.
      En las mañanas, solían pensar en que hacer para tener el tiempo ocupado, en descubrir a donde ir y como o por que lugares ir mas a menudo para luego poder regresar a tiempo del toque del cuerno. Como todo, ir poco a poco y en cada momento, paso a paso, para poder estar en el momento justo a la hora determinada, y poder seguir descubriendo que un sonido de cuerno es llegar a donde suena, y que dos, es ir lo mas rápido posible, pues se acorta la hora de comer y de poder tener un rato al lado de la chimenea, o de un cálido abrazo en el cuello, o tal vez, de unas ligeras friegas con fibras de esponja de calabaza en la barriga, que es donde mas les gusta que los acaricien.
     Cuando se levantaban por la mañana, uno veía el sol al amanecer, se sentaba y recibía los tibios rayos de luz, acercándose cada vez mas su rostro a la ventana, para ver si el día iba a ser nublado para ver nevar o ver llover, o si iba a ser soleado con pocas nubes, pero al igual esperaba a que le abriesen la puerta para salir correteando debajo de los árboles jugando a esquivar los árboles, y si iba a ser un día lleno de luz y de vida no parar de correr hacia la montaña y ver desde arriba todo el reino. Siempre miraba para disfrutar afuera, en los caminos, montes, valles, montañas, ríos, bosques, laderas, e incluso en la ciudad, con sus carros y bueyes, caballos y perros, incluso disfrutar de las personas que les ofrecían lo que estaba estipulado por los reyes, agua mezclada con leche y un poco de harina.
       Jorma, que se levantaba por la mañana y miraba por la ventana del Oeste, observaba el tiempo desde ese otro lado, donde tenia unas grandes montañas a lo lejos, con el lago al pie de la cordillera y los bosques de pino, roble, abetos y encinas que regalaban al pie del castillo todo su vigor y fuerza y que en épocas del año, desde donde siempre se sentaba para ver atardecer, en una pequeña montaña entre dos picos muy bajos, dejaba reposar el sol hasta irse si no habían muchas nubes por el atardecer. Disfrutaba de los atardeceres como ninguno y sabía la hora exacta de rascar la puerta para que se la abrieran y sentarse para contemplar el placer de la tarde mezclándose con la noche, para cenar e ir a dormir hasta que Matti, por la mañana, le regalara un rugido de buenos días mientras el, perezoso se estiraba de placer. Cuando Matti se levantaba miraba el cielo y observaba si vendrían nubes o por donde pasaría el viento para saber hacia que lugares correr, pero en otras veces era Jorma quien simplemente observaba como iba llegando el día. Observaban que harían o que no, pues estaba la tarde por llegar, para esperar al sol y para despedirse de él, hasta bajar hacia el salón y quedarse tumbado en la chimenea.

       Muchas mañanas iba a visitar a su hermano, tanto el uno como el otro. Veces iba a ver amanecer y contemplar también desde la ventana, el buen día que haría y la agradable sensación de un saludo con rayos tenues entre los hocicos de los hermanos, o veces iba a ver las montañas para saber si las nubes estarían en unos rincones o en otros, y así, cada mañana, según tuvieran ganas uno o el otro, disfrutaban de las sensaciones del día dependiendo de los grandes planes para tener un día diferente, pero igual en las propias decisiones que tomamos, tanto los animales, como las persona, tanto más o igual que un día cualquiera que parece igual, con los mismos matices que nos diferencian, para seguir siendo lo que somos, para hacer posible que la monotonía y la rutina muy distinta de lo que en verdad es, y para darle a la mañana y a la tarde un poco del mismo tiempo cada vez que nos hace el sentirnos agradables con los mismos y pocos momentos en los que hacemos posible estar en paz.

miércoles, 28 de octubre de 2015

2.Los dos hermanos y el rey.

Los dos hermanos guepardos estaban predispuestos a convivir, pues alimentándose de pan sin levadura y con leche, no podían sentir el olor a la carne ni intentar alimentarse de ella y con sus juegos de cachorros se hacían domésticos bajo la tutela del rey, que los entrenaba para que prefirieran unas caricias en la panza a morderse entre ellos, pues suavizar su educación les daría el privilegio de convivir también con los seres humanos, a pesar de su procedencia, ya que venían de las estrellas, junto a la corona que tiene el poder de amar, hacer gozar y llenar de dicha a quien desea la paz para darle el gratificante placer de ello.
Llevar todo el tiempo al cuidado del bien y a la observación del mal, entre los que hacían posible la vida en el palacio y entre todos los habitantes que visitaban el castillo, cuidaban también en sus paseos a todos los que hablaban o a todos los que simplemente pasaban cerca de los hermanos, haciendo sentir dignidad humana como el posible hecho que haría hombres de bien, mientras otros, tentados por el miedo eran sometidos a entregar sus temores con simplemente ir a visitar el castillo. Vivían dentro de palacio, con esas paredes de piedra y madera y suelos de baldosas de un color blanco, procedentes de las montañas sagradas, donde dormían en unas habitaciones hechas para cada uno, y para cada instante en la noche, con vistas muy parecidas pero con distintas ventanas, pues una miraba al amanecer y la otro al atardecer, donde desde siempre, en la ventana del amanecer, Matti deseaba empezar bien, con todas sus responsabilidades puestas entre sus patas y con todas las energías para salir y subir la loma a la montaña cuando podían pasar el rato, antes de ser llamados para su puesta entre los tronos, uno a la derecha del rey y otro a la izquierda de la reina, sentados como esfinges y dócilmente amaestrados, sin cadenas y con los collares de gemas preciosas, libres y obedientes, ágiles y fuertes, atentos y legibles, instituidos y estudiosos, tangibles y positivos, armoniosos y contemplativos, sentados como dos hermanos que se miran el uno al otro, esperando uno ese amanecer en cada día para saber que tal van las cosas en esas montañas de que quiere pisar y recorrer para llegar lejos o hasta la misma cima que guarda un poco de su hermano, el que buscaba el atardecer, el que necesitaba ir a recorrer las lomas abajo, y cernirse sobre las patas para llegar y descansar, el hermano que buscaba la noche y la calma, el que pedía un poco más de comida, el que esperaba atender al descanso y a la calidez y el resguardo de la casa, del castillo, de su habitación que daba al atardecer y que antes de comer y saciar el hambre que se le dan los cereales con los que acostumbraron a comer a los guepardos de las nieves. Pasaba por su habitación y miraba por la ventana, miraba como se escondía el sol, entre las montañas que cubría a sus pies el gran lago y que el reflejo de colores en distintas épocas del año se mezclaba con las sombras de los árboles cuando hacia viento y la nieve caía de sus copas.
Los hermanos guepardo de las nieves, Matty y Jorma, cada vez que buscaban, uno un poco la mañana y el otro a la tarde, se distanciaban entre sus caminos, y entre sus sueños y ensueños que necesitaban para seguir el uno con el otro, aunque al lado de los reyes, como dos animales sagrados, como dos enormes mascotas que mantienen el símbolo de la paz para todos, estuvieran iguales, idénticos, a diferencia de una mancha que en la frente, pues Matty tenía una más arriba que Jorma. Ellos fueron regalo del Dios Eom para poder calmar el pueblo, y darles poder, y darles grandezas a todos, y sobre todo hacer de los reyes de las tierras de Häjbeik el más grande de los reinos, para hacer descubrir que la paz hace al hombre y que la humanidad se construye con el respeto de esa paz.
La corona que sustentaba el rey llevaba tiempo sin brillar, sin tener su esplendor mágico, pues ella misma era sabia y conocía todo lo que necesitaban en su tiempo, pues en reposo, para lograr entender y conseguir esa paz, entendía que todos llevaban un poco de humanidad para darle sentido a la vida, con el respeto que ella misma procesa en los momentos de debilidad, pues con la humildad de reconocer un error, la paz promueve ese entusiasmo para sí mismo, ya que puede hacer cursar el milagro del silencio al pedir ese poco a todos nos hace grandes, como la comprensión que otorgaban a ese silencio el más sabio y más grande de todos los instantes y momentos, pues dividía a los dos reinos, el del bien y el del mal.
Siempre hay un sitio en el que buscar lo correcto y lo incorrecto. Ese sito que daba la libertad de ser uno mismo y de tener todas las herramientas para darle al reino el más preciado poder, el poder darle al pueblo un mejor sitio y un mejor lugar para todos, donde el bien es ir por las mañanas a buscar que hacer y el poco mal que quede por la tarde, dejarlo caer entre los camino y el aire para que todo ese bien, nos quede hasta la mañana siguiente, donde empieza otra vez todo, en el mejor de los sitios para uno mismo, ser la paz y ser el milagro, en uno mismo, en su silencio y en su propia manera de hacer que la vida fluya, como dos hermanos que van y ríen juntos, pero desde siempre, hasta que uno se da cuenta de que la vida no es todo bien o no es todo cansarse y llegar hasta la mañana sin nada que hacer, pues los dos guepardos de las nieves, querían dar todo lo mejor que podían, pero nunca terminaron de educar su instinto, nunca pudieron hacer posible su propia intuición como animales, y entre las mañanas que pasaban, hacían lo posible para correr y divertirse, pero todos los días, uno caminaba hacia su lado, hacia su camino, y poco a poco, paso a paso entre las pisadas del tiempo, entre los años y la vida de aquellos primeros reyes que gobernaban esas tierras, pudieron hacer caminos diferentes, instintos iguales pero con sentidos parecidos, intuiciones iguales pero con perspectiva diferente, donde cada uno gustaba de distintas formas la manera de hacer posible esa paz, en sus interiores, en sus cabezas que miraban cada amanecer y cada atardecer al mismo sitio, pero desde otras distancias, desde otras maneras de mirar y ver.

Había un problema desde que estuvieron los guepardos de las montañas viajando por aquellos lares e hicieran que el primer rey de aquel sitio buscara entre los rincones y espacios, el por qué de los animales salvajes en aquellas tierras, donde no habían animales de pastos, habiendo pastos por todos lados, por todos los rincones, desde los ríos y a ambos lados de las laderas, por entre los lugares que van desde donde amanece hasta donde se esconde el sol, siendo los pastos muy altos en varias épocas del año, y siendo los animales muy pequeños en todas las épocas, pues las liebres saltaban en largos trazos, las ardillas mecían sus colas entre los saltos de copa en copa, los zorros correteaban buscando saltamontes y grillos para saltar encima de ellos y poder mirar al río, donde todo el agua bajaba veces con más peces y veces con menos, pero pocas veces se veían animales más grandes que los jabalíes que correteaban por entre los matorrales, comiendo de las frescas hiervas que mecían los vientos de aquellas tierras lejanas, donde un rey necesitaba de animales más grandes y fuertes para poder empezar a vivir allí, ya que los caballos eran pocos y los pastos muchos, y las pequeños rebaños solo dependían de unos pocos días para crecer y darle a la vida a un poco de trabajo, un poco de tiempo para ellos y para el rey. Este rey venia de muy lejos y estaba acostumbrado a otro tipo de vida, pero la nueva vida que se le dio, la aprovechara en el transcurso de su existencia y en sus generaciones posteriores, que brindan con zumo de frutas en vez de con vino.